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Al reflexionar sobre la laboriosa y difícil tarea de elaborar un proyecto de Código Procesal Civil que pueda ir a la par con los nuevos tiempos, expresamos en la conclusión de nuestro artículo anterior titulado “El Nuevo Código de Procedimiento Civil: ¿Nos vendrá de Francia o de Uruguay?”, el deseo de que el mismo sirviera como señal de arranque al debate, sin imaginarnos nunca que se daría tan rápido y, mucho menos, en la forma que ha ocurrido.
En carta enviada a Gaceta Judicial, la cual se publicó en la edición anterior, la distinguida Juez de la Suprema Corte de Justicia, Dra. Margarita A. Tavares, tras aclarar que ya no forma parte de la comisión encargada de elaborar el anteproyecto de Código de Procedimiento Civil, por haber presentado su renuncia en julio del año pasado al Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia, expresa en forma diáfana, franca y abierta, que dicha renuncia fue motivada por el hecho de que no apoya “los planteamientos encaminados a la total abolición de la legislación de origen francés, asimilada por más de siglo y medido”, la cual los miembros restantes de la comisión se encaminan a sustituir por modelos latinoamericanos.
Se trata de una opinión de extraordinaria trascendencia si se toma en consideración de dónde proviene. De ilustre prosapia jurídica, por ser hija de Froilán Tavares hijo, el gran maestro del Derecho Procesal Civil dominicano, la magistrada Tavares se desempeña desde 1997 como Juez miembro de la Primera Cámara de la Suprema Corte de Justicia – la Cámara Civil y Comercial– que es precisamente la encargada de verificar, erigida en funciones de Corte de Casación, la correcta aplicación por parte de las jurisdicciones del fondo, de los procedimientos establecidos en la codificación procesal civil que tenemos en vigencia, y sus múltiples leyes complementarias. La magistrada Tavares cuenta además con una vasta experiencia procesalista por su largo ejercicio privado en el bufete familiar antes de su designación a la judicatura, así como conocimientos doctrinales profundos derivados de su labor como revisora y actualizadora de la gran obra doctrinal de la autoría de su padre: Elementos de Derecho Procesal Civil Dominicano, el texto de consulta obligado en la materia
La carta de la magistrada Tavares deja patente la escisión de la comisión que redactó el Anteproyecto de Código de Procedimiento Civil sometido al Congreso Nacional en el año 2000 en dos grupos: los partidarios de una legislación de inspiración francesa – la doctora Tavares y el licenciado Reynaldo Ramos Morel– y los seguidores de la escuela iberoamericana – el magistrado José Alberto Cruceta, Juez de la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación del Departamento Judicial de la Vega, y el doctor Mariano Germán. La renuncia de la magistrada Tavares a la comisión también denota que, al parecer, la escuela francesa ha claudicado y que en definitiva nuestro nuevo código procesal civil será de inspiración latinoamericana, a pesar de existir una corriente importante que propugna por la continuación de nuestra tradicional ligazón con la legislación francesa.
En estas circunstancias, las preguntas obligadas son: ¿Quiénes tienen poder de decisión en este tema? ¿La Suprema Corte de Justicia? ¿El Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia? ¿Quién o quiénes le han trazado pautas al remanente de la comisión para seguir la línea iberoamericana? ¿O se le ha dado a la comisión la libertad de decidir por sí sola lo que considere más conveniente? ¿No tenemos los abogados y jueces no presentes en la comisión, quienes a la larga seremos los protagonistas en la aplicación del nuevo código, derecho a participar en la elección del modelo a seguir?
Gaceta Judicial ha tratado de obtener respuestas a estas cuestiones tanto de parte del Comisionado como de la Suprema Corte de Justicia. A la fecha de cierre de esta edición, no hemos recibido noticias de la Suprema Corte de Justicia. El Comisionado sí nos ha enviado su contesta, pero el contenido de la misma, en aparente contradicción con la misiva de la magistrada Tavares y con las declaraciones del magistrado Cruceta que reseñamos en nuestra primera columna sobre el tema, en vez de esclarecer el asunto, nos ha dejado más confundidos que nunca. Transcribimos íntegramente el texto enviado a Gaceta Judicial por el Comisionado:
“El Comisionado de Justicia, desde hace dos años, conformó una comisión de expertos con el objetivo de revisar el proyecto de Código de Procedimiento Civil y adecuarlo a las nuevas exigencias jurídicas y sociales de la actualidad, ya que la propuesta data de hace más de 8 años y no ha sido revisada. La referida comisión está integrada por el doctor Mariano Germán, coordinador de la comitiva, el magistrado José Cruceta, juez de la Corte de Civil de la Vega; el magistrado Hermógenes Acosta, de la Corte de Apelación Civil del D.N., y el licenciado Román Jáquez Liranzo, quien funge como secretario.
En ese orden, la comisión revisa, artículo por artículo, la propuesta originaria con el objeto indicado. En tal virtud, luego de análisis ponderados y de conocer la experiencia de otras legislaciones como la uruguaya, la comisión ha concluido en trabajar por la consecución de un Código de Procedimiento Civil que respete la naturaleza originaria de la norma, o sea, en base a los lineamientos franceses y a los principios originarios de nuestro Derecho Procesal Civil.”
La magistrada Tavares renuncia de la comisión convencida de que se va adoptar el modelo latinoamericano; el magistrado Cruceta nos afirma por teléfono que el nuevo código será mixto; el Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia nos acaba de revelar que el nuevo código respetará los lineamientos franceses. ¿Quién lo entiende? Parece “una adivinanza envuelta en un misterio escondido en un enigma”, cogiendo prestada la célebre frase de Winston Churchill.
De todos modos, continuaremos investigando. La comunidad jurídica dominicana merece no sólo estar bien informada, sino también ser tomada en cuenta cuando se trata de temas y decisiones tan importantes como las que nos ocupan.
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